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domingo, 17 de julio de 2011

ZEN, el arte de vivir.


El zen no es religión, ... es el arte de vivir ...

Hay 12 puntos fundamentales y básicos para llevar una vida parecida a los monjes Zen sin necesidad de tener que convertirse en uno de ellos:

1. Una cosa cada vez. Es parte de la vida de un monje Zen, una tarea, nada de multitareas. Un proverbio Zen dice cuando camines, camina. Cuando comas, come.

2. Hazlo pausadamente y con propósito. Aunque hagas una cosa cada vez, pueden realizarse aleatoriamente y con precipitación. Por el contrario tus acciones deberán ser razonadas y realizadas con pausa, así ganarás en concentración.

3. Hazlo de forma plena. Centra tu mente en la tarea y complétala antes de pasar a la siguiente. Si algo queda inacabado, aparta la tarea completamente no dejando ningún resquicio. Si preparas un bocadillo, no lo comas hasta que hayas recojas y limpiado todo lo que utilizaste para prepararlo.

4. Haz menos. Un monje Zen no tiene una vida perezosa. Se levanta pronto y trabajada durante todo el día, pero no genera una lista de tareas sin acabar. Realice las tareas que realice serán esas y ninguna más. Menos tareas significa poner tu atención en ellas y las realizarás plenamente, Muchas tareas programadas hará que saltemos de una a otra rápidamente sin pensar y sin concentrarnos en ellas.

5. Espacia las tareas. Disponer de tiempo entre tareas te ayudará a concentrarte en ellas y te facilitará completarlas. Una programación relajada ayudará a finalizar tareas que se alarguen disponiendo del tiempo que necesario para finalizarlas.

6. Desarrolla rituales. Los monjes Zen tienes sus propios rituales para las tareas que realizan, desde comer a limpiar o meditar. Eso les ayuda a darles la máxima atención y a que sean realizadas, con pausa, correctamente. No tienes que seguir ningún ritual, crea tus propios para cada tarea que realices, preparar comida, limpiar, despertarse o acostarse o hasta como preparase para el ejercicio.

7. Asigna tiempo para ciertas tareas. Hay tareas diarias que requieren un horario específico. Determina el tiempo para el aseo, para trabajar, para limpiar o para comer. Esto asegura que las tareas sean realizadas regularmente. Si para ti una tarea tiene la importancia suficiente para realizarse con regularidad, asígnale el tiempo necesario.

8. Dedica tiempo a sentarte. Una parte fundamental de la vida del monje Zen es la meditación sentado (zazen). Esto requiere designar un tiempo simplemente para sentarse. La meditación es práctica ayuda a encontrase pero no hay por qué realizarla cuando estés sentado. Hacer ejercicio puede ser una buena práctica para centrarse en uno mismo, cualquier actividad te pude ayudar a encontrarte.

9. Sonríe y ayuda a los demás. Los monjes Zen dedican parte de su día al servicio a los demás. Esto enseña humildad y aleja el egoísmo de sus vidas que se orientan al servicio. Dentro de la familia o fuera puedes dedicar ese tiempo a los demás. De igual forma sonreír y ser amable con todo el mundo ayuda a mejorar la vida de los que te rodean. Considera unirte al trabajo voluntario de caridad.

10. Haz que limpiar o cocinar sean parte de la meditación. Además de la meditación zazen, limpiar y cocinar son partes importantes del día de un monje Zen. Pueden resultar ensalzantes al realizarlas cada día como practica del auto-conocimiento. Si para ti son aburridas, intenta hacerlas parte de la meditación, concéntrate en ellas, hazlas pausada y plenamente, tu día cambiara plenamente (y tu casa estará más limpia).

11. Piensa qué es necesario. Hay muy poco en la vida de un monje Zen que no sea necesario. En su armario no hay prendas eclusivas, ni muchos zapatos, nada de instrumentos tecnológicos, coches o comida basura (su dieta suele ser vegetariana). No es necesario vivir como un monje Zen pero nos tiene que servir para recordar que hay muchas cosas en la vida que no son necesarias, y es interesante pensar que necesitamos realmente en nuestra vida y que cosas son necesarias.

12. Vive de forma sencilla. Es el corolario de la regla 11, si no es necesario, puedes vivir sin ello. Libérate de aquello que no sea necesario o esencial. Para cada uno, esto será diferente, familia, lectura, ejercicio o lo amigos pueden ser algo esencial en tu vida. Decide que es lo más importante para ti y hazle hueco en tu vida eliminando lo que no sea esencia.-

Silvia Nano

El placer y el dolor

El placer y el dolor son las dos formas de estar aquí en el mundo. Te sientes atraído hacia aquello que te causa placer y te sientes repelido –­ rechazas - todo aquello que crees que te causa dolor.


Pero si te vas volviendo más y más atento, sufrirás una total mutación. Se­rás capaz de ver que todo aquello que causa placer, también causa dolor al final. Todo aquello que causa dolor, también causa placer al final. Son los dos caminos que existen en el mundo.

Uno es el camino del hombre común. Trata de entenderlo; es muy, muy revelador. Vive gracias al apego, a la atracción. Persigue todo aquello que cree que causa placer. Se aferra a ello y finalmente se encuen­tra con dolor y nada más; con angustia y nada más.

Exactamente el opuesto es el camino del monje, de aquél que ha renunciado el mundo. No se aferra al placer. Por el contrario, empieza a aferrarse al dolor, a las austeridades, a la tortura. Yace sobre un lecho de clavos, emprende largos ayunos, se mantiene de pie durante años, no duerme durante meses. Hace exactamente lo opuesto porque se ha dado cuenta de que siempre que hay pla­cer al principio, el dolor está al final. Y ha dado la vuelta a esa lógica. Ahora busca el dolor. Y si está en lo cierto, buscando el dolor, al final surgirá el placer.

Pero un hombre que practica el dolor se vuelve incapaz de sentir el dolor. Un hombre que practica el dolor se vuelve incapaz de sentir placer con las pequeñas cosas, simplemente con lo pe­queño. Tú no puedes comprenderlo. Para un hombre que haya estado ayunando durante un mes, el pan corriente, la mantequilla y la sal son un gran festín. Para un hombre que ha estado yacien­do sobre un lecho de clavos, el simple hecho de tumbarse sobre el suelo, sobre el suelo desnudo,... no habrá emperador que duerma tan bien como él.

Pero ambos son las dos caras de una misma moneda; y ambos están equivocados. El monje ha invertido el proceso. Los dos están apegados; uno está apegado al placer y el otro está apegado al dolor.

Un hombre de consciencia vive desapegado. Ni es ­el hombre común, ni tampoco es un monje. Ni se va a un monasterio, ni se va a las montañas. Permanece en donde está; simplemente se va hacia dentro. En el exterior no tiene nada que elegir. No se aferra al placer, ni tampoco se aferra al dolor. Ni es un hedonista, ni se auto-tortura. Simplemente va hacia dentro observando el juego del placer y del dolor, de la luz y de las sombras, del día y la noche, de la vida y de la muerte. Va más allá; debido a que existe la dualidad, él va más allá trascendiendo ambos. Simplemente se mantiene alerta y consciente; y en esa consciencia por primera vez surge algo que no es ni dolor, ni placer, sino gozo. El gozo no es placer; el placer está entremezclado con el dolor. El gozo no es ni dolor, ni placer; el gozo trasciende ambos.

Y más allá de ambos estas tú. Ésa es tu naturaleza, tu pureza, tu pureza cristalina de ser; simplemente trasciéndelo. Vives en el mundo, pero el mundo no está en ti. Te mueves por el mundo, pero el mundo no se mueve en tu interior.

Osho